jueves, 26 de junio de 2008

D. BELTRÁN OSORIO Y DÍEZ RIBERA;DUQUE DE ALBURQUERQUE


Buenoo, que pomposidad, dirán algunas personas, pues sí , sí , desde luego, pero es que el era como su nombre, grande, y no solamente por su persona y forma de ser, sino tambien por linaje porque era Grande de España, y con una colección de títulos espectacular para mí que en ese momento era una niña de unos 15 años o así, sí, sí, lo conocí en persona afortunadamente para mí, porque nunca lo olvidaré, y además estuve montando una buena temporada en su finca de Soto Mozanaque en Algete.

Que qué es ser Grande de España???, que no lo saben??? pues ahí va la explicación:

La Grandeza de España es la dignidad máxima de la nobleza española, inmediatamente después de la de Infante de España, que es la que corresponde a los hijos del Rey y a los hijos de los Príncipes de Asturias. Los Grandes de España son considerados como los sucesores de los antiguos Ricoshombres de los reinos de Castilla y de León así como de las Coronas de Aragón y de Navarra, y es, en sí misma, la más elevada dignidad nobiliaria que existe en España y en Europa, tras los miembros de las casas reales, sus honores y privilegios los anteponían a los Pares de Francia y los del Reino Unido (peers).

Quiero referenciar aquí mi experiencia de entonces, porque creo que no todo el mundo tiene la oportunidad y el honor de haber conodico a un noble semejante, y tan buen y espectacular jinete como el señor Duque. Era un ser entrañable, o por lo menos a mí me lo pareció desde mi edad de 15 años, y de mi afán de tener un caballo.

No llegamos allí por casualidad del todo, ya que mi profesor de toda la vida desde que empecé con los caballos con 6 años, había sido su entrenador de caballos y cuando ibamos a montar a clase y de repente se ponía a llover y nos metíamos todos en la cuadra, el nos contaba siempre las historias del Duque y las carreras, tenía mas de mil anécdotas de toda una vida a su lado.

El caso es que cuando en casa se decidió comprar un caballo pues no sabíamos muy bien por donde empezar ni donde ir porque ni idea vamos, y como ya habíamos comprado a Minaya al señor Landete, pues ahora queríamos un caballo que no fuera un potro, para que yo pudiera concursar con el desde ya.

A mi padre se le ocurrió lo de ir a ver los caballos del Duque, y es que mi padre tiene unas brilantes ideas a veces, y dicho y hecho, alli nos presentamos, y entramos en la finca por la puerta de Arco que ponía SOTO MOZANAQUE , con letras extrañas, como góticas, despúes había que recorrer un paseo de tierra bordeado de altos árboles que casi tapaban el cielo hasta que se llegaba a la casa y a las cuadras, pasando antes por unos prados donde había en los primeros a la izquierda unas yeguas españolas, que las cruzaban con los caballos ingleses, los pura sangre, para obtener caballos para el polo.

Más adelante y a la derecha se encontraban otros prados más verdes y frondosos que los de las yeguas que eran mas bien de tierra, y también detras de estos prados , el hipodromo dónde entrenaban sus caballos de carreras, más de un día hemos ido a las 5:30 o 6 de la mañana a verlos entrenar con un frío que pelaba y los caballos con las mantas riñoneras puestas sacando un vapor de su cuerpo que parecía niebla a su alrededor, jajaja que recuerdos.

Al llegar a las cuadras y bajar del coche salió a recibirnos el encargado de la finca, recuerdo que se llamaba Francisco, un señor ya con muchas canas, casi el pelo plateado completamente, bastante rústico, y muy simpático y agradable, muy hablador, nos contaba muchas cosas, pues eso, historias anecdóticas, igual que mi profesor, Antolín, y que me recuerdan pues a las historias de nuestros abuelos, que a mí particularmente me encantan y me quedaría horas y horas escuchando.

Pues el caso es que Francisco nos atendió, y mi padre le explicó que ibamos buscando comprar un caballo, y bueno así empezó la cosa y Francisco nos enseñó los que tenían a la venta, que eran todos unos potros, pero además jovencísimos, recuerdo que eran 4, 2 potros y 2 potras, de los cuales sólo de 2 recuerdo el nombre, y eso es porque eran los que me gustaban. Eran un potro y una potra, el potro se llamaba Rizo y tenía dos años y medio, era una preciosidad, de caballo de tono bayo con una estrela en la frente y las crines y los cabos negros, pero era tan jovencitooo, aún no le habían montado nunca claro está, el y los demás potros eran hijos de las yeguas españolas del paddock de la entrada.

La potra se llamaba Fornarina, la recuerdo como si la estuviera viendo, y siguiendo (y ahora lo comprendo me viene desde entonces) mi afición por las yeguas, pues esta claro que mi elegida era ella, porque ademas de ser preciosa, pues tenia medi oaño mas que el potro 3 añitos, era castaña encendida como color cereza, también tenia estrella pequeñita y algún calzo, una larga cola negra hasta el suelo, encima ella si estaba ya montada, no mucho, pero al menos te podías subir, jajaja, y eso hice, en el patio de las cuadras que era muy amplio en forma cuadrada, alli montaba yo todos los findes temprano por la mañana, me lo pasaba pipa, y cada vez me gustaba mas la potra, no era lo que buscabamos, pero...... tantas veces vas por una cosa y sales con otra porque cambias de opinión...., yo la verdad es que la monté todo lo que quise y mas, y un buen día me vió El Duque desde una ventana, le gustó como yo montaba, o le llamó la atención y se interesó y quiso hablar con nosotros.

Ahí le conocí..., yo me moria de verguenza jajjaa, pero claro hablaba mi padre todo el rato y el preguntaba y mi padre respondía, y bueno despues de bastante rato El duque nos enseñó a Poseidón.

Nos lo enseñó para ofrecernoslo como posible compra ya que le había explicado mi padre que era lo que buscabamos. Poseidón en ese momento tenía 10 años y acababa de ser retirado de las carreras según nos dijo después Francisco, y que el caballo tenía una lesión de tendón de la que se estaba recuperando en el paddock, la cual ya estaba totalmente curada y seguramente en la vida se volvería a resentir de ella, porque el esfuerzo de tendones que se hacen en las carreras es único y en las demás modalidades seguro que no estan fuerte el esfuerzo, además hay que contar que los caballos de carreras empiezan a correr muy pronto, muy jovenes, ni siquiera están domados, solo para delatante y tira millas. Así que no es de extrañar que nunca mas le molestara la lesión, y no le molestó nunca mientras lo tuve.

Era un caballo castaño de mediana alzada, como 1,58 o 1,60, castaño oscuro, careto y calzado, muy guapo y muy noble, pero con sus cosas de PSI, que te las sacaba cuando menos te lo esperabas y si te descuidabas te ponía en el suelo sin que te enterases, aunque normalmente era un caballo tranquilo.

Este era Poseidón, conmigo:
















Esta es la genealogía de Poseidón:



Este enlace es precioso.....
http://www.paddock-news.com/pag_publi/acpenalver/carreras.html

Esto es lo que escribe Jaime Peñafiel en el diario el MUNDO con motivo de su muerte:

Alto, delgado como un personaje de El Greco, elegante como un lord inglés, educado, bondadoso y leal. En Inglaterra al duque de Alburquerque le llamaban, simplemente, «El caballero». Un caballero de inclinación de cabeza y taconazo. Don Beltrán (no podía llamarse de otra manera) de Osorio y Díez de Ribera respondía también a la imagen que el barón de Montesquieu tenía de un gran señor: «Un hombre que ve al rey, habla con los ministros, tiene antepasados y propiedades».
Pocos sabían que aquella larga y ascética figura de Beltrán, que, como Jefe de la Casa del Conde de Barcelona, acompañó sus restos mortales al «pudridero» del Monasterio de El Escorial, también se estaba muriendo. Y que, desde aquel día 1 de abril de 1993, comenzaba para él la cuenta atrás.
La única que lo sabía era su esposa, María Cristina Malcampo y San Miguel, duquesa de San Lorenzo de Valhenosa, con quien contrajo matrimonio en 1975, seis años después de haber enviudado de Teresa Beltrán de Lis y Pidal.
Un desgraciado accidente de circulación al chocar frontalmente el coche que conducía con otro automóvil a cuyo volante iba Ramsés Trujillo, marido de Lita Trujillo, le costó la vida. También falleció el primogénito del dictador dominicano que a esa temprana hora de las ocho de la mañana regresaba a su casa de La Moraleja después de una noche de farra en Madrid, mientras la duquesa de Alburquerque, que vivía en la finca «El Soto» de Algete, llevaba a sus hijos al colegio.
Joannes, Teresa y María vieron con buenos ojos que su padre volviera a casarse. Y con este segundo matrimonio, dos chicas más, Cristina y María Rosa, incrementaron el número de hijos del duque de Alburquerque, «que llevaba consigo la impronta del caballero y la sencillez del gran señor que había heredado, a través de los siglos, la inmensa fortuna de su familia», como le define José María de Areilza, conde de Motrico.
Pero su pasión, aparte de la que sentía por su Rey, el Conde de Barcelona y la Familia Real, eran los caballos y su espléndida finca de «El Soto», de Algete, situada a 30 kilómetros de Madrid y que era también su hogar.
La equitación fue una de las motivaciones más importantes de su vida. Yo diría que su vida misma. Y no sólo como criador de caballos de pura sangre, lujo que se podía permitir por su inmensa fortuna, sino como jockey, que es lo que realmente era. O le gustaba ser.
En una ocasión me confesó que no le hubiese importado ser tan sólo eso, un modesto jockey al que se le contratara para ganar carreras. Sus ídolos eran Lester Piggot y Carudel (curiosamente también los míos, y yo no sabía esto hasta que no leí y me interesé por su historia, que cosas verdad??). «Mi reino por un caballo» en él no hubiera sido tan sólo una figura literaria. Hubiese preferido ser más bajito. Para intentarlo, dormía encogido (Jajaja, muy bueno esto, y si, es que el era así y con mucho humor).
Pero a pesar de ser rico, muy rico, noble, muy noble, y alto, muy alto, llegó a ser uno de los jockeys -que no jinete- más importante de Europa. El tiempo transcurrido desde que abandonó las carreras, en 1976, no ha impedido que el importante periódico británico Daily Mail, le eligiera en 1992 como el deportista del año. Y es que su nombre figura escrito con letras de oro en el Jockey Club británico, el mismo que le prohibió en 1976, terminantemente, participar en ninguna carrera de obstáculos que se celebrara en Gran Bretaña. El motivo: sus múltiples y graves lesiones sufridas en su vida hípica.
Si el cuerpo de mi querido amigo don Beltrán de Osorio y Díez de Ribera, duque de Alburquerque y Algete, marqués de Alcañices y de los Balbases y tres veces Grande de España, hubiese sido incinerado, a su esposa María Cristina Malcampo y San Miguel, duquesa de San Lorenzo de Valhenosa, le hubieran entregado, después de la cremación, una urna conteniendo un montón de tornillos, placas, clavos y grapas. Toda esta chatarra eran sus trofeos, conseguidos a lo largo de más de cincuenta años, trofeos y tributos que él llevaba con orgullo.
Poco orgulloso se sentía el duque cuando los detectores de metales de los aeropuertos comenzaban a pitar, y a pitar y a pitar ante la sorpresa de los funcionarios, hasta que Beltrán, para que le permitiesen, al fin, pasar, les mostraba el certificado que explicaba que la alarma había saltado a causa de la chatarra que sostenía su esqueleto, cien veces roto por caídas en competiciones hípicas en las que comenzó a participar desde que tenía cinco años.
Su primera boda con Teresa Beltrán de Lis, a la que acudió escayolado por una caída de caballo, coincide con la Olimpiada de Helsinki de 1952. Para poder participar en ella, se arranca la escayola y queda en un honrosísimo segundo puesto en la prueba de Cross del Concurso completo de Equitación.
Pero Beltrán lo que desea, y lo desea desde muy niño, es participar en el Grand National, la más importante prueba de obstáculos del mundo que se celebra en la ciudad británica de Liverpool.
Su triunfo en la Olimpiada le anima. Y aunque es el año de su boda, se inscribe por primera vez en el Gran National de 1952. El resultado no puede ser más desastroso: se cae en la sexta valla y se rompe cuatro vértebras.
En 1963, y después de alojar a don Juan en su finca de Algete, con motivo del regreso del exilio para apadrinar a su nieta la infanta Elena, el duque de Alburquerque decide volver a participar en el Gran National. Se cae en la valla nº 21 y se rompe la clavícula.
Repite en 1965, cayéndose en la novena valla. Se fractura una pierna. En esa fecha, su esqueleto lleva ya veintidós fracturas.
En 1966, se cae en la valla número 10. Y cuando corre de nuevo en 1973, se cae en la valla número 8 y sufre diez fracturas. Su cuerpo se sostiene entonces gracias a dieciséis tornillos.
En 1974, con 56 años y la clavícula rota, participa de nuevo junto a cuarenta y dos jockeys. Sólo diecisiete terminan la prueba. Uno de ellos fue el duque, en octavo lugar. Todo un triunfo.
«Yo era un saco de patatas y veía las estrellas pues con el esfuerzo, el dolor de la clavícula rota era inmenso. Pegué un chillido enorme y por un momento pensé que no podía acabar», recordaba.
En 1976 corre por última vez. Se cayó en la valla trece. Fue recogido con siete costillas, siete vértebras, la muñeca y el fémur derecho roto, así como una fuerte conmoción cerebral. Estuvo varios días en la UVI.
Y éste, es otro artículo del diario EL MUNDO:
DUQUE DE ALBURQUERQUE

Un ejemplo de lealtad y fidelidad
Beltrán Osorio y Díez de Rivera, duque de Alburquerque y duque de Algete, marqués de Alcañices, marqués de Cadreíta, marqués de Cullera, marqués de Montaos, conde de Ledesma, conde de Huelma, conde de Fuensaldaña, conde de Grajal y conde de Villanueva de Cañedo, tres veces Grande de España, nació el 15 de diciembre de 1919 en Madrid, en el palacio que su familia aún posee en el céntrico Paseo de Recoletos, y falleció ayer en la madrileña clínica de la Luz, a causa de una afección cardiovascular, a los 74 años de edad.
Desde 1954, y hasta 1993, ostentó el cargo de jefe de la casa del Conde de Barcelona con singular discreción y acierto, que fueron puestos de relieve el mismo día que, debido a la defunción de Don Juan, dejó de serlo. Su entrega fue reconocida con la concesión del Toisón de oro, la máxima distinción que otorga la dinastía española, y que le fue impuesta por el propio rey Don Juan Carlos.
Descendiente en línea directa de don Beltrán de la Cueva, el famoso valido de Enrique IV de Castilla -y supuesto padre de Juana «la Beltraneja»-, contaba también entre sus antepasados a Ambrosio Spínola, el vencedor de Breda, inmortalizado por Diego Velázquez en el famoso cuadro «La rendición de Breda», más conocido como «Las lanzas».
En 1936, cuando aún no había alcanzado la mayoría de edad, participó en la Guerra Civil en el frente de Somosierra y combatió seguidamente en la Infantería navarra, al mando de la IV compañía del Tercio de San Fermín, pasando a continuación al arma de Caballería en el Ejército del Centro.
Al finalizar la contienda ingresó en la Academia Militar, de la que salió con el grado de teniente.
En 1952 contrajo matrimonio con doña Teresa Beltrán de Lis, hija de los marqueses de Bondad Real, con quien tuvo dos hijas y un hijo. En 1969, la duquesa de Alburquerque falleció víctima de un accidente automovilístico en Algete, y don Beltrán casó en segundas nupcias con doña María Cristina Malcampo, duquesa del Parque y San Lorenzo de Valhermoso, marquesa de San Rafael y Casa Villavicencio, condesa de Joló y vizcondesa de Mindanao, que le dio otras dos hijas.
Beltrán Osorio estuvo considerado como el mejor jinete de España. Participó en los Juegos Olímpicos de Helsinki y Roma y, en 1964, ganó el Campeonato Hípico de Europa.
Me contó una vez que tenía treinta huesos fracturados, siete vértebras literalmente machacadas, tres clavos y una placa en una pierna. Pero sólo el peso de la edad pudo moderar la resistencia de aquel entusiasta deportista, disciplinado militar y gran señor -uno de los aristócratas más auténticos que he conocido- que pasó casi cuarenta años al servicio de la Familia Real de manera tan eficaz como discreta, callada y desinteresada. Un verdadero ejemplo de lealtad, fidelidad y entrega al conde de Barcelona, a quien acompañó continuamente durante los largos meses de hospitalización de Don Juan en Pamplona, y a quien sólo ha sobrevivido diez meses.
El duque de Alburquerque falleció ayer debido a una afección cardiovascular.

El difunto duque, Beltrán Osorio y Díez de Ribera, era descendiente directo de don Beltrán de la Cueva, valido de Enrique IV de Castilla, y fue su hijo mayor, Ioannes Osorio y Beltrán de Lis, quién heredó sus títulos nobiliarios. Ionnes, primo hermano de Diego, está casado con Blanca Suelves, y a ellos corresponden los títulos de duque de Alburquerque, marqués de Cuellar, conde de Grajal, conde de Villanueva de Cañedo, marqués de Alcañices, marqués de Culleras, marqúes de Caderita, marqués de Montaos, conde de Ledesma, conde de Fuensaldaña y conde de Huelma.

El texto que señalo a continuación, está reflejado en Historias del Turf, de las cuales pongo el enlace para si alguien quiere leerlas completas porque son super interesantes, al menos a mí me lo parecen:

Beltrán Ossorio, el jinete de la mandíbula prominente y el inseparable traje de pana marrón, era muy bueno a caballo, más agarrado que un chotis y capaz de lograr victorias imposibles con sus colores. Pero quizá escriba otro día sobre esto y comente los casos de Guadarrama, Idle Fancy y, sobre todo, Tebas, sobre el que ganase el Gran Premio de Madrid el padre de Johannes Ossorio.

Y este es un poema sobre el y su caballo Alfidir que he encontrado por la red, maravilloso tambien:

Caballo que vuela al viento con su color alazánque lo monta un caballero, caballero de verdad.Es duque, señor amigo, es el jinete Beltrán.

Caballo, tú lo adivinas, por su estilo y suavidad ,porque acaricia las crines, porque sabe dominar.Gana caballo tu apuesta, todos van quedando atrás.

¿Qué jinete es el que manda estilo señorial, que sólo con sus rodillaste impulsa para saltar?Es el duque de Alburquerque con su monta magistral."Tebas", "Lagartijo" y "Quorun", caballos a recordar.

Ganaste "Espuela de Oro" y triunfaste en el "Lingfield Park" Por mas de siete veces, corriste en el "Grand National"Lloraste por "Alfidir·, que en una noche lunarse partió su largo cuello para quedarse incapaz.

De Inglaterra gran amigo y de su Casa RealCuando en España eras jefe de la "Casa" de Don Juan.
Con la Luna por testigo, las estrellas brillan másen el cálido homenaje que los "gentlemen" te dan en honor a tu recuerdo, que nadie podrá olvidar.

¡Dios te guarde Rider Gentleman!Dios te guarde Don Beltrán.

Rafael Gómez-Jordana (Embajador de España)

Este es mi peuqueño homenaje a un hombre y jinete tan grandes, a un gran jockey con un gran valor y mas afición aun, porque romperse tantos huesos le quitan a uno las ganas de todo por mucho que le guste, eso es afición y pasión y lo demás son tonterías.

Para mi, ahora que soy mayor es un gran honor haberle conocido personalmente y hablado con el y montado en su finca sus caballos, un privilegio único que no todo el mundo puede tener y por eso hoy lo escribo aquí, para compartirlo con el mundo y tambien el orgullo de compartir a mi caballo Poseidón, al cual quise mucho, y con el cual tuve algún que otro tortazo , no como el Señor Duque, pero si que tengo muchas anécdotas con Poseidón.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Hola, yo vi correr a Poseidón cuando era un crío, siempre fui un admirador del Duque. Vaya caballo más majo que te llevaste… Bonito texto, un saludo. te dejo algo que escribí yo sobre el Duque y su yegua Tebas.

http://caballosycaballeros.blogspot.com/2010/03/blog-post.html